Cuando hablamos de masculinidad frágil, nos referimos a esas actitudes que se construyen dentro de esta sociedad machista y patriarcal que parecen exigir al varón ser fuerte, insensible, superior, independiente, esconder sus emociones y sus miedos. Es una actitud tóxica que genera enormes problemas a los hombres y deriva usualmente en traumas, inseguridades e incapacidad. Y si dicho hombre, educado en el estereotipo machista, siente amenazada su masculinidad, ataca a quien sea para protegerse, en realidad, sólo de sus propias inseguridades.
Esto que acabo de describir parece algo relativamente asimilado en la actualidad, porque aunque siga sucediendo, gran parte de la sociedad es capaz de bromear a menudo con ello y los machos ibéricos que lo ostentan como una virtud son burla recurrente en twitter… sin embargo, no solemos ver lo mucho que padecemos de problemas similares a la masculinidad frágil en otros aspectos de nuestras vidas.
Tras las elecciones generales, donde una gran movilización del electorado de izquierdas, con la nariz tapada o sin ella (no vamos a entrar hoy en esto), ha conseguido frenar al fascismo español: Vox, nos encontramos sin embargo en una situación de bloques ideológicos que no pueden gobernar por sí mismos y cuya única solución pasa por el independentismo catalán, que pide referéndum a cambio de una respuesta positiva.
Se espera que con el paso de las semanas y los análisis internos y luchas mediáticas, las demandas independentistas de Junts per Catalunya bajen un poco hacia algo más aceptable para un Psoe demasiado receloso o demasiado cohibido por el propio rechazo de sus votantes, aunque la realidad es a mi parecer muy sencilla: Estamos ante un caso de patriotismo frágil.
Dícese de (me lo acabo de inventar) aquel patriota que ama a su país, de izquierdas o de derechas (usualmente de derechas), y que se niega a permitir que nadie dude de su integridad, sea republicana o (mayormente) monárquica. Ve por tanto al independentismo no como una expresión del desencanto de una buena parte de la población de un territorio, sino como un enemigo al que matar, enviando policías a pegarle palos a ancianos si es necesario.
Cuando se forma una pareja monógama, sabiendo que todos somos algo machistas por culpa de nuestra educación y sabiendo que pueden existir celos en ocasiones, debemos saber también que el hecho de estar en monogamia no hace que la otra persona nos pertenezca, sino que nos está eligiendo: Elige compartir su tiempo con nosotras, elige quedarse a nuestro lado y lo hace aún pudiendo conocer a otras personas a las que pueda encontrar del mismo modo interesantes. Es una elección.
Pues bien, igual debería ser la nacionalidad, salvando las distancias claro: Tú naces en un país, vives en él, creces y te sientes parte de él, pero si esto no ocurre (generalmente por cuestiones culturales y sociológicas como es el caso para muchos en Cataluña) nadie debería tener derecho a retenerte.
Hay dos salidas ante esto. Puedes decidir que te dan igual sus sentimientos y que los vas a encerrar en una urna (jaja pequeña broma) de cristal o puedes dejarles elegir, y esto no tiene por qué significar que quieres que se vayan. De hecho, el concepto de plurinacionalidad se acuñó en España porque para gran parte de la izquierda (no toda al parecer) se hace evidente que hay diferencias culturales entre cada comunidad, pero que en algunas esta diferencia es mayor por bagaje histórico. Cataluña y el País Vasco son tierras preciosas y de una cultura tanto política como social como cultural enormes y, si no quieres perderlos, más te valdrá entenderles y acomodarles bien al sistema estatal o de lo contrario deberás dejarles marchar. No puedes forzarles a ser tu pareja, deben querer y poder elegirte ellas mismas.
El Psoe no atiende a estas cuestiones por miedo a perder votos, visto que son (y llevan siendo) una empresa desde que Cristo perdió el mechero, pero yo sinceramente lo haría: Déjales votar. No hay nada más democrático que meter un papelito en una urna. El reconocimiento del error del 1 de Octubre de 2017, por parte del estado español, cuando el PP reaccionó a una protesta democrática (mal gestionada) a base de violencia antidemocrática, cosa que sucedió esta legislatura gracias al gobierno de coalición, es sin duda gran parte de la explicación de los 19 escaños que ha sacado el Psoe y los 7 de Sumar este 23J. A día de hoy los catalanes responden en gran parte con agradecimiento ante los actos de justicia del estado español… entonces por qué no seguir. Por qué no proponerles una legislatura amplia de una coalición plurinacional que intente entender las demandas que se esperan de un país culturalmente más respetuoso y flexible con las diferencias. Por qué no aceptar el hecho de que deben poder elegir si quieren formar parte de esa promesa de un estado más amplio o si en cambio quieren tomar su propio camino, por más que nos duela, cuando la respuesta más probable a día de hoy sería además el -no- a la independencia, viendo la tendencia catalana y vasca actual… La razón es sencilla: Por miedo a perderles, puramente esto.
El día en que el estado español sea menos tóxico que un exnovio con orden de alejamiento, quizás estemos un paso más cerca no sólo de una investidura este 2023, sino también de ser una democracia adulta y afectivamente patriótica.
Pd: El rey, en esta analogía, es el padre machista que te enseñó mal el significado de la palabra “afecto”. La república a mí me suena a un buen psicólogo de primera para arreglar el problema, no sé, piénsalo 😉
Por Julio de la Torre
