El Sanchismo, bipartidismo de baja cuna: una epopeya barata

Epopeya: Poema extenso que canta en estilo elevado las hazañas de un héroe o un hecho grandioso, y en el que suele intervenir lo sobrenatural o maravilloso (RAE).

La actualidad demanda hacer un especial al cada vez mayor fenómeno sanchista en este país y yo estoy dispuesto a correr el riesgo de que me insulten en redes, así que aquí estamos. Y es que Pedro Sánchez se dispuso hace unos días a copar los telediarios de todo el país y parte del extranjero con su anuncio, vía carta, de que se planteaba la dimisión como presidente del gobierno a raíz de la apertura de una investigación a su esposa, Begoña Gómez, por una denuncia chapucera del sindicato Manos Limpias, lo que se denomina claramente como lawfare. Tras esto, pasado su periodo de reflexión, reafirma en una rueda de prensa su compromiso con el cargo y con la lucha contra este lawfare, es decir contra la instrumentalización del sistema judicial por parte de la derecha española para engañar y robarle el poder a la ciudadanía, y que hasta ahora ha costado muchas más vidas que la de la señora Begoña. Me podría sentar aquí a hablar de que esto afectó a grandes políticos y honrados partidos antes que a él, pero eso es lo que ya sabemos todos, hoy vamos a hablar del trasfondo de esta epopeya.

Y digo epopeya porque es la sensación que Sánchez pretende transmitir a la ciudadanía desde que se alzó por encima de Susana Díaz allá por 2017 en aquellas primarias del Partido Socialista Obrero Español. Queda lejos su épico viaje en coche por todo el país buscando apoyos y sus posteriores promesas de reformar al partido desde dentro. Hay quienes jamás le creímos, pero somos los pocos cuando los resultados en este país siempre importan mucho más que su fondo. Y en todo ese tiempo pasado, esos resultados son los que han marcado esta grandiosa historia. Ha luchado contra el invasor a su izquierda, contra el usurpador a su derecha, ha visto caer a Ciudadanos, a Pablo Casado, e incluso cuando todo parecía perdido en 2023, tras unas malas autonómicas y encuestas pesimistas, se sacó de la chistera un anticipo electoral que le mantuvo en Moncloa para sorpresa de toda la prensa nacional. Está siendo un recorrido desde luego extenso para la política actual, lleno de hazañas y donde ha intervenido lo sobrenatural, para la mayoría de institutos estadísticos y prensa política, si no que le pregunten a La Sexta.

Pedro Sánchez prometió un conejo salido de la chistera, pero nunca dijo que tuviera que estar vivo.

Pedro Sánchez ha realizado todos sus trucos como un experto, encargándose de que miráramos una mano, mientras con la otra hacía la trampa, como todo buen mago. Y aprovechando el resultadismo electoral (valorar el resultado como el fin último a conseguir, ignorando otros aspectos presentes en el juego), con la otra mano ha escondido el no haber cumplido prácticamente ninguna de sus promesas a lo largo de los años, empezando por la de reformar el Psoe desde dentro. Mientras en realidad quitaba a sus rivales cuando necesitaba estabilidad y los devolvía cuando necesitaba apaciguar las aguas. El Psoe sigue debiéndole dinero a los mismos bancos de siempre, relacionándose con los mismos poderosos y teniendo acuerdos con los mismos medios de comunicación, a cambio de los mismos favores. En el fondo no ha cambiado nada que no le hayan obligado otros a cambiar. Pedro Sánchez prometió un conejo salido de la chistera, pero nunca dijo que tuviera que estar vivo.

Todo esto es en realidad una muestra de algo que no es un secreto, aunque no se incide suficiente en ello: El Psoe no es izquierda, es bipartidismo en estado puro. Y ahí reside el problema. El error reside en no haber conseguido hacer digerible para un público mayor (no digo que yo pudiera) que hay que entender, aunque de miedo, que el Psoe es necesario porque sin él no hay mayoría contra la derecha, pero que no ser de color negro, no te vuelve de color blanco, si no que hay grises, que en ocasiones pueden verse mal sin la luz apropiada… Curiosamente justo acabo de leerle a mi madre el título que va a llevar este artículo, a lo que ella me ha respondido que “hijo, no es el momento justo ahora de meterse con el sanchismo, con todos los fachas que hay por ahí dando vueltas”, a lo que le he respondido que es precisamente por eso por lo que lo hago: El Partido Socialista Obrero Español es el contrapeso del Partido Popular, dentro de la lógica del bipartidismo, y no fuera. Y hay que hacerlo entender como sea.

El sistema bipartidista es un sistema político por el cuál dos partidos “de estado”, que tienen en común una gran cantidad de temas relacionados con la estructura, seguridad, legislación, exteriores, etc… se intercambian el poder cada 4-8 años con el fin de asegurar una estabilidad para el país. Un sistema tóxico que, lejos de asegurar nada, perpetúa conductas peligrosas, evita que mejore la vida de su ciudadanía más allá de pequeños cambios menores y (en el caso de España) mantiene la filosofía con la que lo implantó un tal Francisco Franco metiendo la monarquía parlamentaria con calzador para asegurar la perpetuidad de un estado con olor a pólvora y naftalina. Y es precisamente por quienes plantaron la semilla, que el PP tiene la sartén por el mango. En un estado de derechas, el partido menos derechizado de los dos es quien tiene permitido gobernar de vez en cuando, para dar una falsa apariencia de democracia madura y real; es decir, es el invitado de honor en la fiesta del vecino. Y lejos de ser un escenario por el que sentir pena del Psoe, como si viviera encarcelado y sin solución alguna, la realidad es que les encanta; una posición privilegiada desde la cuál sufrir las menores consecuencias y vivir todas las ventajas, nunca mejor dicho, a cuerpo de rey.

Él es como la saga Transformers, después de la primera ya no merecen la pena pero sigues pagando para verlas.

Entonces, fuera de esta lógica de dos partidos reinantes, ¿puede ser el Psoe una alternativa real? Ya no -izquierda-, si no -alternativa-. La respuesta claramente es no, porque para cambiar lo que hay debes tener el valor de arriesgarlo todo, y el Psoe tiene demasiado bienestar propio que perder. En sus peores años recientes tras el 15M, su secretario general Pedro Sánchez sólo arriesgó mínimamente para salvar el pellejo en casos extremos donde veía peligrar su posición, como cuando se rompió (momentáneamente) el bipartidismo en 2015, porque dejó de estar garantizada la sucesión pacífica de gobiernos cada 4-8 años, y tragó: Tuvo que tragar y volverse algo más progresista cuando surgió Podemos para mantener electorado, tuvo que tragar con la coalición una vez el lawfare les devolvió suficientes votos como para ser el miembro mayoritario del gobierno porque si no jamás podría gobernar, tuvo que tragar con los independentistas por miedo a fracasar; nunca hizo nada por otros, aliados o propios, sólo por sí mismo y siempre por miedo, nunca por convicción. Ese es el Psoe.

No hemos conseguido hacer ver esta realidad y hoy lidiamos con ellos como compañeros de viaje, aunque estén deseando matarnos a la mínima oportunidad. No, no puede ser ni izquierda ni alternativa de cambio un partido incapaz de afrontar los problemas a menos que les sucedan en sus propias carnes, el egoísmo y la lucha de clases tienen pocos puntos en común. No puede ser alternativa alguien que nunca cumple o cumple a medias por presión del que está a su izquierda o de sus circunstancias. No puede ser alternativa alguien que tiene en su mano luchar contra el lawfare, arma del PP para frenar cualquier indicio de rebelión, y opta por dejarlo estar, salir a la palestra a decir que se queda en su cargo, que ama a su mujer y acto seguido que “invita a la reflexión individual sobre el asunto”, como si la simple reflexión de unos precarizados habitantes a los que jamás les has dado herramientas de pensamiento propio, fuera a solucionar el problema por ti, sin que tú tengas que hacer nada. No puede ser alternativa quien trata de frenar la injusticia con medias injusticias, prometiendo que si no, vendrá algo peor.

La historia de pedro Sánchez quizás sea contada como una epopeya, aunque como fanático de una buena narración que soy, debería decir que esta en concreto es una muy barata. Si para crear una buena película hace falta un desenlace con previos giros de guión, o sea problemas que dan con soluciones que llevan a una conclusión, causando consecuencias en sus personajes, entonces ¿qué llamamos a una peli que augura cambios pero que con el paso de la trama queda en prácticamente ningún desenlace palpable para sus personajes: sus aliados o peor aún, sus votantes?… Yo diría que la llamamos mala película, de las que no ganan Oscars ni Globos de Oro, porque ni siquiera cumplen con la premisa, para empezar. Aunque claro, es que Pedro Sánchez no quiere premios, Pedro quiere un taquillazo. Él es como la saga Transformers, después de la primera ya no merecen la pena pero sigues pagando para verlas (sin querer ofender a los fans de transformers eh, daño colateral).

Julio de la Torre

Coordinador de Rebeldía Cádiz

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